Si hago silencio, háblame.
Si me cierro, búscame.
Si estoy triste, alégrame.
Si lloro, consuélame.
Si huyo, persígueme.
Si reniego, cálmame.
Si no entiendo, explícame.
Si estoy en duda, asegúrame.
Si tengo frío, abrígame.
Si tengo pesadillas, arrópame.
Si estoy abstraída, despiértame.
Si estoy deprimida, hazme reír.
Si estoy fuera de mi, tenme paciencia.
Si te doy todo lo que tengo, no lo desperdicies.
Si solo quiero ser feliz, asegúrame la felicidad.
Si solo quiero sonreír junto a ti, sonríe conmigo.
Si solo quiero aprender ha vivir, enséñame a decir que si.
jueves, 10 de junio de 2010
lunes, 7 de junio de 2010
El collar
Alexandra termina de alistarse. Se mira al espejo y suspira. Se coloca su collar, agarra su bolso y sale. Ya se la había hecho tarde así que decide tomar un taxi. Mientras tanto, Gabriel ya la estaba esperando impaciente.
Se saludan. Caminan. Y el la invita a sentarse en una banca, pero no era cualquier banca. Era su banca la que ellos habían seleccionado para pasar sus tardes juntos, cuando querían un lugar tranquilo donde poder descansar, en la que se reunían cuando el mundo se les venia abajo y solo iban ha escuchar las olas del mar y ha abrazarse fuertemente.
Empiezan a conversar torpemente, se interrumpen. Los dos están nerviosos y ninguno sabe que decir. Entonces Gabriel empieza tratando de halagarla como quien la disuade. Ella le sonríe, solo lo hace por cortesía. El lo sabe, la conocía muy bien.
Alexandra comienza a hablar, tratando de explicarse y de ser lo más sutil posible, pero no hay sutilezas en los sentimientos siempre son radicales. Son amplios, asombrosos y adorados o son destructores, estrechos y mezquinos. En este caso, sobretodo, eran destructores y mezquinos.
Pero era mejor que todo se derrumbara a seguir el camino del sinsabor de la ambigüedad que te carcome por dentro.
Alexandra seguía hablando y sus palabras parecían hacerse lentas y lejanas. Escucho lo que dice, pero no lo entiendo o no lo quiero entender –pensaba Gabriel. Y entonces su mirada se desvió a su cuello, ese que había besado tantas veces, su collar. Si, era su collar. El que él le había regalado a Alexandra como muestra de su amor. Ahora menos que antes podía entender, pero no se atrevía a preguntar. Tenía miedo de su respuesta.
Ella siguió hablando y de pronto se detuvo, se sintió el silencio y dijo: “Yo sé que en esta relación tu eres el que quisiste más y que vas a salir lastimado…” Gabriel no podía entender. Entonces ella no me quiso, solo jugo conmigo. ¿O se estaba distrayendo y ahora que se aburrió ya no quiere nada? y ¿porqué solo yo voy a salir lastimado?, ¿qué a ella no le duele?, ¿no siente nada?, ¿entonces por qué tiene mi collar?, ¿que hace con mi collar puesto?, ¿si no se significo nada porqué lo tiene puesto? –pensó Gabriel.
Ella continuaba hablando luego de un momento le pidió a Gabriel disculpas y que por favor dijera algo. El la miro y le dijo: “Solo espero que seas feliz” y se fue.
Alexandra se quedó sentada algo confundida después de todo lo que había dicho no atino a decir algo, no sabía que decir o hacer.
Gabriel comenzó a caminar espero poder alejarse lo suficiente para poder desahogarse. Lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas, la confusión lo inundaba no podía entender que es lo que había hecho mal y en ese momento solo quería morir, le parecía algo más humano a seguir con ese dolor. Entre sus desvaríos empezó a caminar, pero esta vez tenía que tener cuidado porque un solo resbalón y moría. No me importaría caer –pensó, pero tampoco lo haría apropósito.
Se saludan. Caminan. Y el la invita a sentarse en una banca, pero no era cualquier banca. Era su banca la que ellos habían seleccionado para pasar sus tardes juntos, cuando querían un lugar tranquilo donde poder descansar, en la que se reunían cuando el mundo se les venia abajo y solo iban ha escuchar las olas del mar y ha abrazarse fuertemente.
Empiezan a conversar torpemente, se interrumpen. Los dos están nerviosos y ninguno sabe que decir. Entonces Gabriel empieza tratando de halagarla como quien la disuade. Ella le sonríe, solo lo hace por cortesía. El lo sabe, la conocía muy bien.
Alexandra comienza a hablar, tratando de explicarse y de ser lo más sutil posible, pero no hay sutilezas en los sentimientos siempre son radicales. Son amplios, asombrosos y adorados o son destructores, estrechos y mezquinos. En este caso, sobretodo, eran destructores y mezquinos.
Pero era mejor que todo se derrumbara a seguir el camino del sinsabor de la ambigüedad que te carcome por dentro.
Alexandra seguía hablando y sus palabras parecían hacerse lentas y lejanas. Escucho lo que dice, pero no lo entiendo o no lo quiero entender –pensaba Gabriel. Y entonces su mirada se desvió a su cuello, ese que había besado tantas veces, su collar. Si, era su collar. El que él le había regalado a Alexandra como muestra de su amor. Ahora menos que antes podía entender, pero no se atrevía a preguntar. Tenía miedo de su respuesta.
Ella siguió hablando y de pronto se detuvo, se sintió el silencio y dijo: “Yo sé que en esta relación tu eres el que quisiste más y que vas a salir lastimado…” Gabriel no podía entender. Entonces ella no me quiso, solo jugo conmigo. ¿O se estaba distrayendo y ahora que se aburrió ya no quiere nada? y ¿porqué solo yo voy a salir lastimado?, ¿qué a ella no le duele?, ¿no siente nada?, ¿entonces por qué tiene mi collar?, ¿que hace con mi collar puesto?, ¿si no se significo nada porqué lo tiene puesto? –pensó Gabriel.
Ella continuaba hablando luego de un momento le pidió a Gabriel disculpas y que por favor dijera algo. El la miro y le dijo: “Solo espero que seas feliz” y se fue.
Alexandra se quedó sentada algo confundida después de todo lo que había dicho no atino a decir algo, no sabía que decir o hacer.
Gabriel comenzó a caminar espero poder alejarse lo suficiente para poder desahogarse. Lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas, la confusión lo inundaba no podía entender que es lo que había hecho mal y en ese momento solo quería morir, le parecía algo más humano a seguir con ese dolor. Entre sus desvaríos empezó a caminar, pero esta vez tenía que tener cuidado porque un solo resbalón y moría. No me importaría caer –pensó, pero tampoco lo haría apropósito.
lunes, 17 de mayo de 2010
Un mirada apagada
Ya son cuatro años desde la última vez que se vieron, se acordó mientras recorría, de noche, las oscuras calles por las que habían caminado y sonreído, ya hace mucho. Un parque de Barranco fue el predilecto para sus encuentros, las olas del mar los solían calmar y ahí se besaban hasta no poder respirar, pero ahora ya no tiene el mismo efecto esas calles, ese parque, ese mar... ahora son fríos, solitarios e incomprendidos.
El solía interrumpirla con un beso al hablar y ella le respondía con una sonrisa al terminar, le decía que le encantaba su locura y que era lo mejor en su vida y ella no podía evitar sentirse amada y afortunada, de seguro se sentían tan unidos que pensaban que nada nunca los podía lastimar, aunque muchas veces nos solemos equivocar.
De la mano y con cierta coquetería en la mirada y una sonrisa siempre dibujada, caminaban, realmente no importaba el no hacer nada, mientras pudieran estar juntos. Suspiraba y suspiraba ella se encontraba enamorada, los días no podían ser más felices, la vida no podría ser mejor... y el no podía evitar no mirarla.
Sentados en su parque favorito, abrazados sin decir nada, solo aspirando sus perfumes pasaban las horas y parecía que el abrazo era cada vez más fuerte como si se quisieran aferrar uno al otro para nunca más alejarse. Ella le dio una carta porque no podía hablar y el le dijo que nunca la iba ha dejar de amar, las lágrimas no las podían controlar y salieron sin más, el abrazo fue más fuerte, ya no había nada de que hablar todo se lo habían dicho y tal vez más, aunque sabían que nada seria igual, nunca más.
Ahora ella tiene una mirada apagada tal vez por las cicatrices dejadas.
http://www.youtube.com/watch?v=y745IPVetPk
martes, 11 de mayo de 2010
Inversión de papeles: Yo, el hombre y tu, la mujer
Podría decirce que yo soy un hombre encarnado en una mujer, aunque si es cierto que sigo y seguiré teniendo, muy a mi pesar, características de las mujeres (y eso lo digo por el sentimentalismo que muchas veces aflora, lo cual no quiere decir que no soy romántica solo que no soy melosa).
Esto ha llevado a la "Inversión de papeles", es decir, a que tome la común postura de los hombres de manera relajada de pretender hacer las cosas sin presiones y sin obsesionarse y siempre sin tiempo y con la falta de interés a flor de piel; y en cambio, ellos se tiendan a obsesionar por mi forma relajada de ser y a reclamarme constantemente por mi comportamiento desinteresado.
Mi carácter y mi convicción de mis ideas me han llevado a ser un poco terca y tal vez hasta difícil en lo que ha relaciones sentimentales respecta y es que suelo ser muy exigente con mis pretendientes y hasta en ocasiones irremediablemente infame. Son ellos los que se comportaban como una mujer al reclamarme no ser tan cariñosa (y no es que no sea detallista, contradictoriamente; solo que mis emociones amorosas de manera personal me cuestan exteriorizarlas) y yo les pedía paciencia y tiempo para poder acostumbrarme.
Cuando el era demasiado casero, yo le decía que iba ha salir con mis amigos a una fiesta o reunión (en ociones lo invitaba y en otras no), pero siempre prefiría quedarse en su casa haciendo nada (como la insufrida esposa casera que aguardaba a su esposo cuando salia) y hasta se molestaba porque yo optaba por salir apelando a que seguro habían chicos que me ivan ha querer molestar (esposa celosa). Y no es que yo salga a cada rato, ni que prefiera a un chico super juerguero. Solo que tampoco quería, ni quiero, encerrarme en mi casa sin nada que hacer puediendo salir a divertirme de vez en cuando.
Es que no puedo evitar ser una persona independiente, a la que no le gusta darle cuentas a nadie y que tampoco lo haría, menos por obligación; porque de que te sirve que te obliguen si lo haces de mala gana e igual puedes estar diciendo algo y al final no ser cierto. Es más fácil y ameno decir las cosas porque quieres y porque te nace no porque te obliguen.
Ahora, soy yo la no quiere comprometerse (y no es que en algún momento lo haya querido fervientemente) y que huye de las relaciones serias como si fueran las peste (tal vez por temor, no lo sé). No buscó enamorarme, creo que es muy complicado y ahora menos que nunca quiero complicarme, pero aveces aunque no quieras resultas saliendo con alguien. Para lo cual, siempre han tenido que perseguirme y amarrarme para que no me escape.
Porque todo es bonito y chévere antes de que quieran formalizar, si para ser enamorada se me complica no quiero imaginar el día que me digan para casarme, saldré corriendo a agarrar el primer taxi que me lleve lo más lejos posible.
Y no es que no quiera estar con nadie, sino que no quiero una persona autoritaria que se crea mi dueño y solo quiera controlarme y prohibirme cosas para limitarme. Si lo que más aprecio yo... es la libertad y el espacio que debe tener cada persona, porque yo creo que ya no eres tu cuando haces todo lo que los demás quieren.
Talvez en algún momento no me complique tanto, no lo sé. Solo sé que por ahora quiero estar tranquila y seguir con mis metas porque es lo más importante para mi.
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