Alexandra termina de alistarse. Se mira al espejo y suspira. Se coloca su collar, agarra su bolso y sale. Ya se la había hecho tarde así que decide tomar un taxi. Mientras tanto, Gabriel ya la estaba esperando impaciente.
Se saludan. Caminan. Y el la invita a sentarse en una banca, pero no era cualquier banca. Era su banca la que ellos habían seleccionado para pasar sus tardes juntos, cuando querían un lugar tranquilo donde poder descansar, en la que se reunían cuando el mundo se les venia abajo y solo iban ha escuchar las olas del mar y ha abrazarse fuertemente.
Empiezan a conversar torpemente, se interrumpen. Los dos están nerviosos y ninguno sabe que decir. Entonces Gabriel empieza tratando de halagarla como quien la disuade. Ella le sonríe, solo lo hace por cortesía. El lo sabe, la conocía muy bien.
Alexandra comienza a hablar, tratando de explicarse y de ser lo más sutil posible, pero no hay sutilezas en los sentimientos siempre son radicales. Son amplios, asombrosos y adorados o son destructores, estrechos y mezquinos. En este caso, sobretodo, eran destructores y mezquinos.
Pero era mejor que todo se derrumbara a seguir el camino del sinsabor de la ambigüedad que te carcome por dentro.
Alexandra seguía hablando y sus palabras parecían hacerse lentas y lejanas. Escucho lo que dice, pero no lo entiendo o no lo quiero entender –pensaba Gabriel. Y entonces su mirada se desvió a su cuello, ese que había besado tantas veces, su collar. Si, era su collar. El que él le había regalado a Alexandra como muestra de su amor. Ahora menos que antes podía entender, pero no se atrevía a preguntar. Tenía miedo de su respuesta.
Ella siguió hablando y de pronto se detuvo, se sintió el silencio y dijo: “Yo sé que en esta relación tu eres el que quisiste más y que vas a salir lastimado…” Gabriel no podía entender. Entonces ella no me quiso, solo jugo conmigo. ¿O se estaba distrayendo y ahora que se aburrió ya no quiere nada? y ¿porqué solo yo voy a salir lastimado?, ¿qué a ella no le duele?, ¿no siente nada?, ¿entonces por qué tiene mi collar?, ¿que hace con mi collar puesto?, ¿si no se significo nada porqué lo tiene puesto? –pensó Gabriel.
Ella continuaba hablando luego de un momento le pidió a Gabriel disculpas y que por favor dijera algo. El la miro y le dijo: “Solo espero que seas feliz” y se fue.
Alexandra se quedó sentada algo confundida después de todo lo que había dicho no atino a decir algo, no sabía que decir o hacer.
Gabriel comenzó a caminar espero poder alejarse lo suficiente para poder desahogarse. Lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas, la confusión lo inundaba no podía entender que es lo que había hecho mal y en ese momento solo quería morir, le parecía algo más humano a seguir con ese dolor. Entre sus desvaríos empezó a caminar, pero esta vez tenía que tener cuidado porque un solo resbalón y moría. No me importaría caer –pensó, pero tampoco lo haría apropósito.
lunes, 7 de junio de 2010
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